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sábado, agosto 30, 2003

Cualquier excusa vale 

Nos indignamos ahora con la guerra de Iraq, no podemos soportar el pretexto zafio de las armas de destrucción masiva, cuando sabemos que van a lo que van.
Qué pensarán hondureños y salvadoreños, cuando los EE.UU. montaron una guerra completamente artificial entre sus dos países usando como pretexto un partido de fútbol.
Sucedió en 1969 y ha pasado a la historia como la Guerra del Fútbol. El contexto es el siguiente: por aquellas fechas los países centroamericanos trataban de llegar a un acuerdo que pusiera sus economías en manos de un Mercado Común Centroamericano. Las economías de El Salvador y Honduras dependían de la exportación de bananas, café y caña de azúcar. Estas exportaciones estaban en manos de multinacionales americanas (United Fruits y Standar Fruits). La creación de esa institución económica pancentroamericana no gustaba a los círculos financieros americanos, perfectamente conscientes del hecho de que le sería más dificil maniobrar a las cinco repúblicas de America Central desde el momento en que estuvieran integradas en un bloque económico - y puede ser que político- homogéneo. La situación en ambos países era pésima, con las finanzas por los suelos y gran inestabilidad política.
En eso llegaron las eliminatorias para el mundial. Honduras - El Salvador a eliminatoria doble. La situación se calienta extraordinariamente. Rumores de maltrato a compatriotas en "suelo enemigo" por ambos lados. Los medios (¿a sueldo de quién?) se dedican a inocular en la población el odio hacia el vecino y el patrioterismo agresivo.
El partido de ida lo gana Honduras con un gol en el último minuto. Una joven salvadoreña de 18 años no soporta "la humillación de su país" y se suicida con la pistola de su padre. Se la entierra con honores de Jefe de Estado. La gota que colma el vaso de la exaltación patriótica.
Los dirigentes de ambos países no hacen nada por calmar los ánimos, al contrario. Los dos son coroneles, los dos han llegado al poder mediante golpes de Estado (patrocinados por EE.UU.), los dos fueron "adoctrinados" en la Escuela de las Américas de Panamá (vivero para la CIA de criminales de guerra en sudamérica). Se acusan mutuamente de "comunistas a sueldo de Castro" (que poco originales, estos de la CIA).
Estalla la guerra, en sólo unos días de calentón "mediático" azuzado por los dictadores. Ambos países luchan con armas y asesores americanos. Las "hostilidades" (eufemismo de moda en elnuevo periodismo) duran menos de una semana. Nadie gana, los pequeños avances de los respectivos ejércitos se quedarán en nada con la firma de la paz, auspiciada en la sombra por los EE.UU. Tampoco conviene que la cosa se nos vaya de las manos.
6.000 muertos y 15.000 heridos. El Mercado Común Centroamericano muere antes de nacer. Gobernaba el mundo un Nixon recién elegido. Como asesor para Asuntos de Seguridad Nacional tenía a unos de los mayores criminales del siglo XX, Henry Kissinger, que por aquel entonces calentaba motores con estas menudencias. Luego vendría Chile
Espeluznante. Me río yo del tarrito de ántrax de Powell y los balbuceos de Ana Palacio en la ONU.
Todo esto lo recoge el reciente Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, Ryszard Kapuscinski, en "La guerra del fútbol" (Anagrama).

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