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miércoles, noviembre 12, 2003

La mentira del año 


Mujeres del Año


La frivolona revista "Glamour" le ha concedido el título (en su versión americana) de "Mujer del Año" a la ex-soldado Jessica Lynch, junto a la Musa de los Oligofrénicos (arriba, las dos juntitas). Dejando a un lado el acierto en la elección de las premiadas (pues es más que evidente que la mujer del año ha sido Ana Palacio), conviene repasar el historial de una de las premiadas. Como nadie se cree que esta zorrita sea virgen aún, repasemos entonces algunos puntos sobre su compañera de galardón Jessica Lynch.
La conocimos el pasado mes de abril. La habían capturado, en una terrible emboscada urdida por las tropas de élite de Saddam Hussein, tras matar a muchos de sus compañeros. Ella se enfrentó al enemigo con uñas y dientes, y sólo cuando el cargador de su arma se hubo agotado (y tras luchar cuerpo a cuerpo contra los asaltantes blandiendo su machete) pudo ser apresada, con múltiples heridas de bala y cuchillo en sus heróicas carnes. Durante su detención fue torturada. Cuando se reponía del maltrato en un hospital iraquí fue rescatada (entre el fuego cruzado con el enemigo) en una magnífica operación militar llevada a cabo por lo mejor de los marines americanos.
Eso fue lo que nos contaron (y nos filmaron, montaron y difundieron) los servicios de prensa del Pentágono. Pero se les habían colado un par de mentirijillas.
No hubo tal emboscada. Se perdieron. Si señor, se perdieron. Iban tan lanzados hacia Bagdad que se equivocaron de camino. Y tuvieron un accidente. Y entonces, y sólo entonces, se toparon con iraquíes. Pero no con tropas de élite sino con policías. Y nuestra heroína no disparó un sólo tiro contra el enemigo. ¿Había sido herida en el fragor de la batalla antes de poder hacerlo? No, sencillamente se le había encasquillado el juguetito. ¿Y las heridas de guerra? ¿cuando se las hicieron? ¿los muy cobardes la marcaron aun estando ella desarmada? No, verá, es que las heridas se las había hecho ella solita, al estrellar su vehículo.
Pero el cuento chino tiene más miga. Resulta que "el enemigo" se la llevó a un hospital, y los médicos del mismo, viendo que carecían del material necesario para atenderla correctamente decidieron meterla en una ambulancia rumbo a las líneas americanas, donde se podría cuidar de ella en condiciones. Al acercarse les recibieron a tiros, a pesar de tratarse de una ambulancia, y tuvieron que regresar al hospital. Desde allí se informó a los americanos de la situación. Y les dijeron que pasaran a recogerla, que no encontrarían resistencia (no había custodia militar del recinto).
Tardaron en hacerlo. Y se presentaron allí a tiro limpio (con munición de fogueo, al parecer), organizando la de San Quintín en el cutre-ambulatorio iraquí, gritando dramáticamente "Go! go! go!" (esto me encanta) entre tullidos y enfermeras. El comando contaba con un operador de cámara (claro, todo el mundo sabe que en las operaciones militares de alto riesgo un cameraman es muy útil). La filmación se realizó en el famoso "verde visión nocturna" (los tiempos del Technicolor ya pasaron), ya que, casualmente, esa noche había luna nueva (a la luz de la luna y con una cámara normal no mola tanto).
Hay quien dice que el rodaje estuvo a cargo de un operador de cámara de Ridley Scott en "Black Hawk Derribado", pero no he podido confirmarlo.
Su historia formó parte de un plan para vender la guerra a la opinión pública, ávida de héroes y victorias con nombres propios.
Hoy la muchacha (que ya no es soldado), es una heroína en su país, ha escrito su biografía, es mujer del año, inspirará una película y quién sabe si terminará como "pornostar".

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