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miércoles, noviembre 19, 2003

La Pureza de la Constitución 

Aznar en 1979:

"Desde el inicio de la transición política hemos elegido los españoles dos Parlamentos: el primero, elegido de las elecciones del 15 de junio de 1977, y el segundo de las del 1 de marzo de este año. El primero consideró la Constitución como objetivo prioritario y fundamental de su labor, pero surgió la política del consenso, en virtud de la cual se consensuó la Constitución entre los dos partidos mayoritarios, al margen y, ¿por qué no decirlo?, a espaldas del Parlamento. La Constitución fue aprobada, sin debates relevantes, en grandes bloques sobre los que existía previo acuerdo. Y si ya había acuerdo, ¿de qué servía el debate? Este fue el primer atentado al Parlamento."

"Que nuestra democracia tiene graves defectos y fallos es un hecho evidente: unos sancionados por una Constitución demasiado ambigua y otros por reiteradas prácticas viciosas de lo que, al modo occidental, se entiende por política democrática."

"Tal como está redactada la Constitución, los españoles no sabemos si nuestra economía va a ser de libre mercado o, por el contrario, va a deslizarse por peligrosas pendientes estatificadoras y socializantes, si vamos a poder escoger libremente la enseñanza que queremos dar a nuestros hijos o nos encaminamos hacia la escuela única, si el derecho a la vida va a ser eficazmente protegido, sí el desarrollo de las autonomías va a realizarse con criterios de unidad y solidaridad o prevalecerán las tendencias gravemente disolventes agazapadas en el término nacionalidades..."

Aznar en nuestros días:

"Nosotros somos partidarios de mantener la Constitución en sus términos actuales, sin reformarla."

"Cualquier propuesta de reforma constitucional no es una buena propuesta."

No me interesa entrar al fondo de la cuestión. Sobre todo porque cuando hablamos de reformar la Constitución primero habría que hablar de qué es lo que se quiere reformar. Desde la sucesión a la Corona (como quiere Anson) hasta la configuración del Estado (como pretende IU), pasando por la reforma del Senado (como desea ¡hasta el propio Fraga!).
Lo que aquí me interesa tratar es el discurso anti-reforma. Se habla de reformar la Constitución como si se tratara de violar a una niña de 15 años. Aquel que lo plantea está descalificado de antemano, plantee la reforma que plantee ("Cualquier propuesta de reforma constitucional no es una buena propuesta."). La Constitución es perfecta, infalible, pasen los años que pasen. Debe ser que aquellos que la escribieron se adelantaron a sus días como Julio Verne, ya que lo que a nuestro ínclito líder no le valía el día de su redacción en cambio se adapta como anillo al dedo (y sin que quepa discusión) a la realidad de nuestros días.
Voy a pasar por alto las razones por las que el PP insiste en convertir la Constitución en lo que no es, una frágil flor de cristal que asegura la unidad de España mientras se mantenga intocable.
Me limitaré a desmontar esa imagen con dos datos:
- La Constitución de 1978 ya ha sido reformada en 1992 (para adaptarnos a las exigencias de la entrada en la UE que planteaba el Tratado de Maastricht) y no llegó junto con esa reforma el caos y la destrucción que Aznar y sus acólitos nos prometen.
- Y sobre todo, ¡Oh, cielos!, LA CONSTITUCIÓN MISMA PREVÉ SU PROPIA REFORMA como la cosa más lógica y normal del mundo, sin advertir antes sobre los males que caerán sobre el que osara atreverse a semejante horror, como si se tratara de una tablilla egipcia encontrada junto a la tumba del Faraón.

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