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domingo, noviembre 23, 2003

Pillín, pillín 


¡Esa mano!


Los votantes vascos tienen que estar contentos. Y más aún los votantes del PP. Vendieron a Mayor Oreja como si fuera el mismísimo Don Pelayo, quien reconquistaría las Vascongadas para las gentes de bien.
Pero se ovidaron, al elegirle, de que al señor Oreja no le gustan los sillones de piel sintética. Resbalan, hacen ruidos extraños al moverte y sobre todo, tras un rato sentado en uno de ellos, te levantas con el culo empapado de sudor. Porque no transpiran bien. Y claro, los sillones del Parlamento vasco están tapizados con este material. Un desastre. ¿Cómo esperan que el señor Oreja se deje caer por allí algún día en tan lamentables condiciones? Sea cual sea la materia que requiere su atención en el hemiciclo (una votación de presupuestos en la que habías basado toda tu campaña anti-peneuvista, por ejemplo) el señor Oreja es un hombre de principios. Consecuente con sus ideas como pocos. Él no se sienta en esos sillones, que son un atentado contra la dignidad de los parlamentarios, y punto.
Otro asunto es lo de Carlos Iturgaiz. Él sólo quería defender a un colega que lucha por sus ideales (de confort). Y sí, hizo trampas. Y sí, mintió, dijo que lo había hecho "por descuido, con el codo" (si vemos la considerable distancia que separa los escaños de estos dos príncipes de la alta política en la foto, para pulsar por descuido y con el codo el botón de su compañero tendría que haber adoptado una postura propia de Jesús Hermida en sus mejores tiempos). ¿No habríamos hecho todos lo mismo cuando están los ideales de un amigo en juego?

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