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lunes, enero 19, 2004

Una paradoja con patas  

El diputado Álvaro Lapuerta (PP), el más viejo de los parlametarios españoles, renuncia a presentarse de nuevo en las próximas elecciones. Formaba parte del Congreso de los Diputados desde las primeras elecciones, todo un veterano. Aunque estas últimas legislaturas no se ha destacado especialmente por su labor parlamentaria, siendo varias veces nominado como "Parlamentario Mudo" o "Parlamentario Desconocido" por la Asociación de Periodistas Parlamentarios. Tan sólo se dedicaba a batallar contra los avances que, en materia de parejas "de hecho", se realizaban en otras cámaras legislativas.
Pero ya conocía de antes el edificio. De los tiempos de las Cortes de Franco. ¿Era acaso bedel? ¿ordenanza? ¿macero tal vez? No, era Procurador por el Tercio Familiar y durante diez largos años, del 67 al 77.
Sí, este caballero es el tipo de persona que hacen falta en muchos momentos de la Historia, gente con capacidad de adaptarse y cambiar según sople el viento. Es de los que le supo ver las orejas al lobo de la democracia y tornarse en corderito del nuevo régimen de libertades, en las filas del Alianza Popular de Don Manuel (Fraga, no Ruiz de Lopera, otro franquista confeso, que todavía hay algunos, no se crean).
Últimamente su función en su "renombrado" partido era la de Tesorero. Es curioso descubrir en su ficha, en la página del organigrama del PP, como definen su cargo durante el franquismo: "Procurador de representación familiar por Logroño en las dos legislaturas en las que existió este estamento". Ni pone fechas ni habla de la época del dictador, para que al lector poco avisado se le pase por alto. Para qué remover aguas pasadas, ¿no?
Y hablando de remover épocas pasadas, un ex-procurador de Franco, ¿qué opinión tendrá de la Constitución que tan generosamente defiende su partido ante los ataques de los rojos y los separatistas? Pues la mejor de las mejores, con algún pequeño matiz (eso de la descentralización autonómica no le termina de gustar), como cabía esperar. Habla de ella (leánlo, enternece ver lo maravillosa que es para él la Carta Magna) como si de una hija se tratara. Es más, no pierde la oportunidad de proclamar a quien le quiera escuchar ("Quienes fuimos testigos y, modestamente, partícipes de aquel excepcional momento histórico") que formó parte de la Comisión Constitucional.
Pues bien, este caballero que tan bien habla de la misma, el día de su votación en las Cortes se abstuvo. Pero cómo ¿un diputado que estuvo en el germen del actual PP, único valedor verdadero de la Constitución, se abstuvo el día que se votaba? Sí, y no fue el único en su partido. De los 16 parlamentarios que consiguió AP en las Cortes Constituyentes 3 se abstuvieron y 5 votaron en contra.
En otras palabras, el día que nuestros representantes políticos decidían si los españoles tendríamos Constitución, sólo la mitad de los parlamentarios de AP dijo "sí". Y no estaba entre ellos este caballerete, que tantas maravillas le canta ahora a la Constitución Española, la cual, si es por él, nunca hubieramos tenido.
Y luego hay quién se indigna cuando el PP se niega a condenar el Alzamiento del 18 de julio o a reparar a la memoria de sus represaliados.
Le echaremos de menos, Lapuerta. Un montón.

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