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miércoles, julio 07, 2004

Ese momio que regresa cual maldición 


Imagínenlo sorbiendo gazpacho


Fueron muchos los que se dieron cuenta de que todos aquellos que esta vez, estos días, cogieron el coche para huir de la capital, no lo hacían sólo por la rutinaria "Operación Salida".

Hizo su aparición y muchos padres, temerosos aunque quizá demasiado asustadizos, quisieron sacar a sus retoños del temible ámbito de influencia de su maldición. Incluso muchos, recelosos y timoratos, prefierieron quitarse del medio ellos mismos, adultos y creciditos, por si acaso.

¿Es tan temible, realmente, el ataque del "momio"? ¿Fueron sus palabras, amenazantes, rencorosas, imputadoras, las que motivaron tales reacciones? Pudiera ser.
Pero no es eso, pensamos, lo que invita al subconsciente de los mortales a huir con sus seres queridos, como así ha ocurrido.
Es algo más palpable, verificable, un significativo "tangible", el que a todo humano hizo saltar.

Fíjense en el bigote del "momio". Crece, de nuevo, recobrando su antigua y temible entidad, el mostacho del ex-presidente Aznar.
Ahora que ya no tiene que vender ninguna moto (no la vendió muy bien a partir del 2000, cierto es) se va a dejar crecer el retrógado cepillo, como vemos. Para qué disimular.

Si no le da vergüenza hablar con aquello sobre el leporino, qué más le dará las barbaridades que emita por debajo del mismo.
Espero ser el único que se tome en serio, como debe ser, lo que dice un hombre tan preclaro (con tan preclara inmundicia supralabial).

Cágate, lorito, que se soltó la melena.

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