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viernes, diciembre 03, 2004

Zapatero's Place. Domicilio Presidencial 

Capítulo Tercero. Una vida nueva.

Zapatero's Place


Palacio de la Moncloa, 7:35. Cuarto de baño presidencial.

El Presidente Rodríguez Zapatero se asoma de perfil al espejo, vestido tan sólo con el pantalón del pijama, abrigado del frío matutino en el vapor del agua caliente de la ducha, corriendo a su espalda, mientras él se afeita. Mientras juega con su barriga (tratando de disimularla, tratando de compararla con ella misma en el pasado, tratando de convencerse para rebajarla, tratando de acostumbrarse a sus dimensiones), escucha de nuevo en la radio las declaraciones del ex-presidente Aznar ante la comisión parlamentaria del 11-M.

Sus palabras, malditas, empujan a sus manos a dejar atrás los débiles michelines y a apretar con rabia el puño en torno a la maquinilla de afeitar. Se afeita, sí, frente al espejo, mirándose, pero sin fijarse realmente en los caminos que abre en la espuma de afeitar, sino escudriñando en su propia mirada el porqué ese hombre le provoca aún tal disgusto. Se había prometido que no dejaría que le pasara, y trata de sobreponerse, sin saber cómo.

Ya en la ducha, al ir a coger la esponja, vuelve a verse reflejado en el espejo a través de un hueco abierto entre la cortina y la pared. Distingue su imagen entre los vapores y algo en su cabeza, llena de espuma del champú, llama su atención.

Abre completamente la cortina y, desnudo en el espejo, permanece un rato quieto, mirándose. Se hace con un poco de espuma de su cabeza y la coloca bajo su nariz, a modo de bigote.

Con la palma de la mano se peina hacia atrás, como si estuviera engominado. Y acercando la alcachofa a la boca, mientras se señala en el espejo, canta:
- ¡¡Tengo una vida nueva, y tú no estás en ella!!
Emocionado, divertido, liberado, continúa cantando esa coplilla:
- ¡¡Tengo una vida nueva, y tú no estás en ella!!

Sonsoles vuelve de la cocina y ve desde el final del pasillo a sus hijas absortas ante la puerta del baño presidencial.
- ¿Todavía no estáis vestidas?
No contestan. Se acerca hasta ellas.
- ¿Se puede saber qué estáis mirand...?
Él continúa, despreocupado, con su espectáculo, ante los ojos de su mujer y sus hijas.
- ¡¿José Luis (dice Sonsoles, empujando a las niñas), por Dios, se puede saber qué estás haciendo?!
Del susto se le cae el "micrófono" al suelo y, de pronto pudoroso, trata de ocultar sus partes pudendas mientras hace lo posible por recogerlo. El agua sale a presión hacia arriba, dándole en la cara cuando se agacha hacia la alcachofa y el baño se está llenando de charcos. Sonsoles no pierde detalle, asombrada ante la torpeza de su marido. A él le ha dado la risa floja.
- De verdad, no sé que pude ver en ti.
- Seguro que este cuerpo serrano tuvo algo que ver (haciendo posturas de culturista).
- ¡¿Pero quieres dejar de hacer el idiota y cerrar el grifo, que me vas a inundar el baño?!
- ¡Ven aquí y duchémonos juntos!
- (Descojonándose ante la imagen, cercana a lo patético, de su marido desnudo y haciendo tonterías en la ducha) Mira que te gusta hacer el payaso... (alejándose) ¡Y termina ya, que todavía tengo que ducharme!

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