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jueves, marzo 03, 2005

Podéis ir en paz 

Demos gracias a Dios. El Gobierno y la Iglesia han decidido rebajar la tensión reuniéndose ayer para poner sobre la mesa sus diferencias y así intentar resolverlas de forma civilizada. Lo cual a nosotros nos viene especialmente mal, ya que esperábamos como agua de mayo esas fotogalerías dedicadas a las manifestaciones convocadas por los obispos.

Amores Iglesia-Estado


Algún alto cargo gubernamental propuso celebrar la reunión en "La Almeja Picante" y aunque más de un miembro de la Conferencia Episcopal estuvo conforme en un principio, la idea no cuajó. Para darle un tono más formal escogieron recibirles en el propio Palacio de la Moncloa. Aunque tenían reservadas algunas sorpresas.

Para empezar, y como se observa en la imagen, la vicepresidenta decidió vestir de un terciopelo nazareno, en claro homenaje a Tinky Winky, el Tele-Tubbie gay. Sobre la mesa (el otro lado de la mesa, no me sean suspicaces) dejaron distraidamente una serie de lecturas, como en la sala de espera de los dentistas. Unas memorias de Terenci Moix, la revista Zero, un ensayo ilustrado sobre las desamortizaciones de Mendizábal y Madoz, un recortable para los críos, la Constitución de la 2ª República, un comic, el DVD de "La mala educación", y alguna que otra cosilla más para que hicieran tiempo los representantes de la Iglesia mientras esperaban.

Pero no tardaron en contraatacar los monseñores. Menuda liaron cuando les ofrecieron unas pastas con el café. "El señor reciba de tus manos este sacrificio para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien, y el de toda su Santa Iglesia" recitó uno de ellos antes de echársela al buche mientras miraba desafiante a Fernández de la Vega. Y el otro, levantando la tacita del café "Por Cristo, con él y en él, a ti Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos". Amén respondió el primero.

Cuando el ministro de Justicia propuso llevarse bien a partir de ese momento, haciendo propósito de enmienda, los curas, muy metidos en su papel de Men in Black, le recitaron el "Yo confieso" de la A a la Z, con la extraña variante de que llegados al momento de los golpes en el pecho que acompañan lo de "por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa" señalaban con el dedo repetidamente el retrato de Zapatero que había sobre una cómoda.

El diálogo fue muy fluido por ambas partes. Tan fluido que hablaban al mismo tiempo. Mientras la vicepresidenta les impartía una clase teórica sobre la menstruación femenina el portavoz de los obispos le mostraba unas fotos bastante explícitas de fetos abortados. Cuando la primera empezó a relatar las maneras de estimular el clítoris con la lengua y el segundo enumeraba los castigos y sufrimientos que le esperan en el infierno a los amigos del pecado, sonó la campana del juez de mesa y decidieron dejarlo para otro día, con mucha cordialidad eso sí.

El vigilante de la garita pudo oir, en el momento en que el coche de los representantes de la Conferencia Episcopal se alejaba, como sus ocupantes cantaban "Anunciaaamos tu mueeerte, proclamaaamos SU resurreeeción ¡Ven Señor Rajoy!"

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