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domingo, junio 19, 2005

Aquí huele a cura. Pues yo no he sido 

Después de acudir a la lectura del manifiesto de los colectivos gays, de una nutritiva comida, de una pequeña siesta reponedora y de preparar el equipo de guerrillero-blogger (descartamos llevar cilicio; parecía apropiado para el evento pero restaría movilidad), encaminamos nuestros pasos hacia la plaza de Colón, a unos cientos de metros del lugar de la convocatoria. Preferimos llegar desde fuera que aparecer ya dentro del meollo, así podremos hacernos una mejor composición de lugar. Ya en el metro encontramos a las primeras monjas. En mi vagón vemos sentadas, frente a frente, a una religiosa circunspecta y a una cría con minifalda, botas militares y medias de rejilla maquillándose en plan “siniestro”; feliz metáfora de lo que será esa tarde en Madrid. Todavía no son las 5.



Las circunstancias me obligan a guiar hacia la salida de la estación a una expedición de septuagenarios sevillanos bastante perdidos. Andando por los túneles, una pareja joven, con banderas del Vaticano impresas en sus camisetas, hace planes para el verano: “Vámonos a Ibiza, tío”. De peregrinaje a sus lugares sagrados y de recogimiento, suponemos en seguida. Al llegar a la calle creemos habernos equivocado y haber dado a parar en el Parque de Atracciones. Viendo a tanta familia con niño y globito descubrimos de golpe que el tono de esta manifestación será bien distinto al de la de hace dos semanas. Muchos, muchísimos niños, globos por todos lados, ambiente festivo. Caminando hacia Cibeles, uno se va encontrando con gente que le ofrece carteles de todo tipo, banderitas, abanicos, revistas. La tropa empieza a desplegar sus carteles o toma aire sentada en el césped y los bordillos, haciendo tiempo hasta el momento de ponerse en marcha. Unos niños muestran con su pancarta que aquí la gente ha venido con la lección aprendida “Vaya desmadre, queremos padre y madre”, uno de los lemas propuestos por la organización que se repetirá en muchas otras pancartas.

Ya junto a Cibeles, a la sombra de los árboles, el personal prepara la fiesta. Se reparten globos, sprays de colores y ruidosas bocinas: el kit del perfecto payaso. Hay un caos absoluto a mi alrededor; chicos inflando los globos con bombonas, ruido de los que estallan, bocinas resonando, griterío de niños. El gentío se mueve desorientado, expectante. Primer coro: “No lo olvides, Zapatero, la familia es lo primero”. Me asalta, otra vez, un “activista” que intenta encasquetarme la revista ‘Autogestión’ (pasando por caja, claro). Hasta tres veces negué a ‘Autogestión’ antes de que cantara Rouco. Muchos colectivos pidiendo dinero para muchas causas. "A nosotros no nos subvencionan", dicen. A las 17:15 el tráfico no está cortado aún alrededor de la diosa madridista. Un animador despierta el entusiasmo de la parroquia, haciéndoles cantar: “¡¿Qué queremos?!” “¡Padre y madre!”, “¡¿Qué queremos?!” “¡Padre y madre!”, le responden una y otra vez. Un hombre solitario sostiene un pequeño cartel: “Me gusta la familia como la inventó Dios”.



¿Qué oyen mis oídos? ¿Tambores? ¿Bazucada? ¿Carlinhos se ha venido con los curas? ¡No!, pero casi. La multitud se lo está pasando en grande, hay muchas ganas de pasarlo bien. Bailan al ritmo de los tambores, cantan sus lemas y los más jóvenes juegan a guerras de sprays. Otro animador (hay muchos, cada uno con su megáfono y su parroquia a la que arengar) machaca insistente: “Zapatero, mentiroso, de la Iglesia eres moroso”. Es la misma idea que maneja una de esas revistas que repartían por ahí. No tenemos demasiadas ganas de preguntar a qué se refieren, aunque no estaría de más. Mucha gente pasea este otro lema en pequeños carteles dados por la organización: “Obispos sed valientes o estáis solos”.



No muy lejos de mí, junto al Banco de España, detrás de un curioso cartelón (“Defendemos la familia porque somos socialistas”) el speaker cantarín versiona el “No nos moverán”:

‘No, no, no nos va a engañar,
No, no, no nos va a engañar,
Porque Zapatero es un mentiro-o-oso,
No nos va a engañar.

Pisos de 30 metros,
No nos va a engañar,
Y la Ministra vive en un pala-a-acio,
No nos va a engañar’



Y así iba relatando todos los males del Gobierno socialista. La Cibeles se llena de globos y gentío. Pasa un grupo de monjas, pastoreadas convenientemente por un cura, que les dice por dónde ir y cuándo parar. Banco de peces, bandada de pájaros, piara de cerdos ¿Cómo se llama a lo de las monjas? Sea como fuere, nos encontraremos con algunos grupitos más. “Un bote, dos botes, Zapatero el que no bote”, “La familia no se toca”, “Y luego diréis, que somos 5 o 6”, gritan los asistentes. Un viejo intenta aportar su grano de arena inventando un lema, con escaso éxito: “Dónde está / Zapatero / no se ve / tu talante”. Este ha oído campanas (pretende usar una conocida ‘coplilla’) pero no sabe dónde.



Estoy sentado sobre una barandilla, y controlo visualmente la situación. Viene hacia nosotros la primera salida de tono, en forma de pancarta: “¿Padres bujarras? Pos va a ser que no”. Un tipo se encarama a mi lado, la fotografía y al bajar le dice sonriente a su amigo: “Jose, acabo de ver la pancarta perfecta”. Pasa una destartalada primera cabecera. Son las 17:35 y se supone que la cosa no empezaba hasta las 18:00. “Zapatero, dimisión”. “Que bote, que bote, que bote la familia” ¿La de Zapatero? No entiendo, pero ellos botan y se lo pasan en grande. Otro cartel reza: “ZP, tú también tienes padre y madre”. Bastantes carteles repiten esa idea, reveladora como pocas. Pero se ve que aquí es importante resaltar que el presidente del Gobierno tiene progenitores, porque serán varios los que lo hagan. Leyendo entre líneas esos y otros carteles (cuando me pongo analítico puedo ser un hacha) intuyo que quieren transmitir que él tuvo padres y ahora le va a negar ese derecho a los demás. Hasta ahí puedo leer; sobre todo porque el concepto no tiene mucho recorrido que digamos.



Un cincuentón, sentado a mi lado desde hace rato y cubierto con una gorra promocional de un banco, rompe su silencio para decirle a los manifestantes que pasan junto a nosotros “Que vais a llegar a Sol muy pronto…” en tono paternal. Otro cincuentón se sienta con nosotros y corea: “Zapatero / Presidente / ¿cuántos años / tienes?”. Juro que pretendía ser una tonadilla que repitiera el personal. No sé si será el mismo señor de antes o es que me rodea un colectivo de disléxicos católicos (más tarde un adolescente gritará encendido: "Luego dirán, que somos 5 o 6", sin darse cuenta de que con 'dirán' no rima). Más monjas, se ve que han abierto los conventos de clausura y las han soltado para que vengan. Un día especial para ellas, supongo. Algo así como el viaje de fin de curso del cole, pero sin escarceos amorosos. Señoras (yo pude ver a 2) pasean orgullosas fotos familiares con todos sus vástagos. Amor de madre.



¿He dicho ya que la muchedumbre se lo está pasando en grande? Pues aún va a más cada vez que nos sobrevuela un helicóptero. Empiezan a llegar más pancartas jugosas “Fuera okupas del matrimonio”, “ZP ¿Aprobaste biología en EGB?”, “Sr. Conde Pumpido ¿puedo… gesticular?”, “Socorro, no quiero ser el hijo de Pedro y Juan Fernando” (se entiende que lo está diciendo un lunni que lleva pegado). Son las 18:00 y ya está todo repleto hasta Sol.

Empiezan a gritar “Televisión, manipulación”. Mi compañero se enciende con esta rima y corea con vehemencia. “Grite lo que quiera”, me digo, “pero no se balancee tanto que nos va a tirar de la barandilla”. En eso que se acerca un matrimonio de desconocidos (para mí y para el señor, supongo que entre ellos sí se conocen) y le dicen, jocosos:
- No grite que le van a detener (risas).
- Somos sospechosos – responde – de tener voz.
Asienten sonrientes y prosiguen su marcha. Y entonces el acabose.



De pronto, al otro lado de la glorieta, empieza a ascender, tirado por globos gigantes, un inmenso lienzo que termina de volver locos a los asistentes. Vivas a la familia. La descomunal tela dice: ”La familia sí (no sé qué)”. 'No sé qué' porque no terminó de desplegarse, antes de que yo me fuera de allí al menos, y no lo pudimos leer. Miles de globos, escapados (no soltados), vuelan por el cielo de Madrid. “Sí, sí, sí, la familia ya está aquí”. Segundo intento de desplegar la tremenda pancarta… Segundo nulo. La gente se lamenta. Una mujer enseña una cartulina: “Lesbimonio no es matrimonio”. Unos señores comentan: “Este de Cristo no sabe nada, qué va a saber”. Otro cartel; por un lado “Zapavader, abandona el lado oscuro”. Por el otro “Rajoy Wan Kenobi, que la fuerza te acompañe”.

Todo está abarrotado, no avanza. Nos estamos achicharrando (eso me pasa por no hacer caso de las recomendaciones de ir cubierto) y decido que es buen momento para irse, no es plan de hacer esperar al brasileño de los tambores. La huida nos lleva 20 minutos y nos hace vivir momentos auténticamente agobiantes y claustrofóbicos. El gentío está apelotonado y sólo una hilerilla se mueve muy despacio en el sentido que me permitiría escapar, lo demás colapsado. Una mujer, a mi lado, amenaza con desmayarse. Si lo hace juro que le piso hacia abajo para que nadie se dé cuenta; el revuelo que ocasionara podría ser mortífero. Casi no lo contamos, pero logramos escapar. Sólo una hora y media, pero creo que ya he cumplido como cristiano.

Las fotos que hicimos.

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