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jueves, junio 09, 2005

De viaje al Sáhara 

No sabemos si se habrán enterado del asunto en cuestión. Al parecer a los políticos españoles les ha entrado una especie de cagalera humanitaria que sólo pueden descargar en El Aaiún (capital del Sáhara Occidental), y eso que dudamos de que por allí los lavabos estén en mejores condiciones. Pensándolo mejor, seguro que ya están hartos de utilizar los sofisticados baños de los restaurantes exclusivos que (rara vez) frecuentan, esos en los que para cuando te has enterado de que el agua sale pisando un botón en el suelo ya se te ha(n) secado la(s) gotita(s) de las manos y claro, para qué lavárselas ya.

En fin, que les ha entrado no se qué con irse todos a cotillear al pueblo aquel, con lo entretenido que está aquí el asunto de Lydia Lozano y la hija de Al Banokosovar y Pristina Power. Y como es natural, los mandamases de allí lo ven fatal porque tienen en muy alta consideración el derecho a la privacidad y al honor de sus habitantes, y lo defienden con uñas y dientes. Empiezan a estar hartos de ser fotografiados en las playas, ligeritos de ropa, para aparecer más tarde en portadas de revistas sensacionalistas, y su gobierno va a hacer lo que esté en su mano para evitarlo.

Pero no se van solos, no. Van en plan viaje de estudios (con lo bonita que es Roma, y más ahora que ya no huele a fiambre ni a pinrel de peregrino), con un avión fletado sólo para ellos y que han pagado entre todos. No sabemos si para sacar pasta han vendido papeletas para alguna rifa de Halcón Viajes o si organizaron una fiesta de esas en plan americano, con ponche, globos, rey y reina de la fiesta, niña psicópata y bandas amateur.

Seguro que no se habrán limitado a cargarlo a los presupuestos de su corporación en el apartado "Otros"; sería demasiado sencillo y a nuestros políticos por lo general (y más en asuntos financieros) les gustan los retos. "Otros", para quien no lo sepa, es ese apartado que tienen todos los presupuestos del Estado, sea cual sea el nivel, la institución o el organismo y que sirve para cargar los gastos de aquellas pequeñas cosas como los viajes humanitarios, los regalos a empleados o la financiación de los partidos. Y se llama así dicho capítulo de gastos porque no lo pagan "ellos", sino "otros". Es decir, "ustedes". Vamos, que si lo escribiera usted llamaría a ese apartado "nosotros", aunque en ese caso sería ya uno de ellos y no uno de nosotros y, claro está, desde allí es muy difícil ponerle cara a una abstracción tan confusa como lo es el concepto de "contribuyente".

El caso es que se lo han pagado y se van para allá. Y como decimos, se van juntos. ¿Por partidos? No, por regiones, fíjese usted, con lo sectarios que son para otras cosas y aquí se agrupan "transversalmente" en amor y compañía. Suponemos que es para, una vez en su destino, no tener peleas absurdas en cuanto a qué bandera clavar en la tierra colonizada, si la de la rosa o la de la gaviota: clavarán la de su región y todos contentos. Todos contentos salvo la autoridad local, a la que como ya dijimos les sienta regular que vengan los de fuera a clavarle cosas en su terruño (qué provincianos) y a husmear en la higiene de sus súbditos. La higiene democrática, se entiende. En estos asuntos tan íntimos del aseo (y a riesgo de empezar a ponerme pesadito con lo escatológico, como Fraga), aunque sea democrático, nunca nos gusta que vengan a señalarnos los palominos de nuestro calzoncillo.

Entonces llegan allí y llaman:
- ¡Tun, tun!
- ¿Quién es?
- Los políticos madrileños.
- ¿Eh?
- Un osezno y un madroño.
- ¡Cierra la muralla!

En el aeropuerto:

- Poli bueno marroquí (aparentemente no tiene nada que ver con el 11-M; investiga, Pedro Jota):
"Que digo yo que ya que vienen de Las Palmas, que porqué no se quedan allí que tienen de todo, con sus playas, sus guiris, sus plátanos y sus concursos de Drags, que por cierto dan más miedo que vergüenza. Es que aquí andamos mal de camas ¿sabe? ¡Uy! no lo quiera usted saber, todo llenísimo, no nos cabe un alfiler. Vinieron unos de Fuenlabrada, diciendo que ya estaban acostumbrados a sobrevivir en condiciones infrahumanas y que qué mejor sitio para malvivir que el mismísimo Sáhara".

- Poli malo marroquí (este sí está implicado; conoce a un asturiano que vivió en Bilbao):
“Al primero que me ponga un pie en la pista de aterrizaje le meto un palo que le avío, leches, que lo acabo de fregar. ¿Será posible? Con los pies esos que me traen llenos de barro... ¡Hala, por listos, secuestraos en el avión”.

Y llaman a Moratinos, y le pillan en un motel de carretera con Condoleezza, y se monta un incidente internacional, porque estaba comprometida con un rifle de asalto de muy buena familia, y entonces no se puede poner al teléfono, y todos respiran tranquilos: Que si "imagínate tú en qué lío nos podía haber metido este tío", que si "yo tengo hijos y me gustaría volver a verlos", que si "a mí me viene mal pasar el resto de mi vida en una cárcel marroquí", que si "es capaz de decirles que Suárez se alió con Argelia para dar un golpe de Estado contra ellos y la cagamos" y no sé cuántas barbaridades más.

“¿Pero cómo? ¿Me estás diciendo que unos políticos de Madrid están intentando salvar a los saharauis dejando a Catalunya al margen? Ah no, nen, de eso nada. Mándame ya mismo una flotilla de los nuestros, tú”. Y claro, en Marruecos se enteran de que unos catalanes van para allá:

- ¡¡¿¿Catalanes??!! ¿Con el peligro que tienen? ¡Que son capaces de pasarse el Corán por el culo! Además, acabo de pasar la fregona...

Pero llegan allí y llaman:
- ¡Tun, tun!
- ¿Quién es?
- Ja soc aquí.
- ¿Eh?
- Un Sant Jordi y un dragón.
- ¡Cierra la muralla!

Y llaman a Moratinos, y le pillan en un motel de carretera con Chávez, y se organiza un incidente internacional porque se lo estaban montando sobre una patrullera “defensiva” y allí estaban “atacando” demasiado, y entonces no puede ponerse y se quedan angustiados: “Que ya no iban ni Carod ni Maragall y no iban a poder blasfemar, hosti”.

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