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domingo, junio 05, 2005

En la manifestación 

Vayamos al grano: ayer estuvimos en la manifestación convocada por al AVT para protestar contra el Gobierno. Creíamos interesante ser testigo directo para formarnos una opinión del suceso sin tener que recurrir a otras fuentes que no fueran la de la propia experiencia. Y también que sería curioso trasladárselo a ustedes como un simple testimonio de lo visto y oído. Ni más, ni menos.

La llegada

Nos dirigimos hasta el lugar desde el que comenzaría la manifestación, López de Hoyos con Príncipe de Vergara, alrededor de las 17:00. Una hora antes del inicio programado. Al pasar junto a la estación de Metro de Avenida de América (no es la más cercana al punto de origen) nos llama la atención la cantidad de gente que sale de la misma. Tomamos conciencia entonces de que la convocatoria será un rotundo éxito (en cuanto a la capacidad de movilizar un buen número de asistentes; algo “visualmente comparable” a otras manifestaciones recientes en la capital, de signo contrario) y de que no hemos salido suficientemente temprano.



Confirmamos lo vaticinado al llegar allí. Ya es una multitud la que espera. Reinan las banderas de España por doquier. Me resulta llamativo verlas también colgando de las fachadas. Así será a lo largo del recorrido. Banderas en los balcones y gente aplaudiendo desde sus casas.

Confusión y espera

Tras un breve momento de duda (el desconcierto es general) una mujer usa su megáfono para decirnos que la cabecera está en la plaza de Cataluña, unos cientos de metros calle arriba, y que vayamos hacia allá. Seguimos sus instrucciones. Vemos a tres “corderitos” envueltos en banderas preconstitucionales. Intento fotografiarlos, pero uno de ellos me echa una miradita que me lo desaconseja. “¿Los primeros?”, pienso. No, los únicos. No vimos a ninguno más. A un lado de la calle la gente espera a la sombra. Al otro, donde pega el sol, aguardan las pancartas a que lleguen sus señalados portadores aguantadas por miembros anónimos y numerosos chavales de la organización. La gente sigue muy perdida. Muchos de los que merodean no son madrileños. Una señora a mi lado le pregunta a un periodista en qué sentido está la plaza de la República Dominicana.



Casi en la plaza decido esperar junto a una de las cabeceras. Son las 17:30. Primeros aplausos. Pongo la oreja mientras espero: “… es que Llamazares es un terrorista más…”, “¿No viene TVE? No, ahora manipulan ellos”. Empiezan a mandarnos de nuevo calle abajo, al origen. Más desconcierto. “¡Aquí no se puede estar, vayan bajando!”. En esas estamos cuando me rodea una gran ovación. Ha llegado Irene Villa. Me dispongo a fotografiarla. Alguien me da en el hombro y me dice que me vaya hacia abajo. Le ignoro y sigo intentado retratar a la muchacha. Me empujan de nuevo y miro: un policía nacional.

“Q’aquí no se puede estar”

- Es la segunda vez que te lo digo, que te vayas p’abajo.
- ¿A mí? Es que estoy intentando hacerle una foto a Irene Villa.
- Que aquí no se puede estar, que te lo he dicho dos veces ya. ¿Cómo quieres que te lo diga?
- Vale, me voy, pero déjame que le haga antes la foto…
- Que me da igual. Que aquí no se puede estar. ¿Te vas a ir?
- Pero ¿es algo personal conmigo? (miro a mi alrededor, haciéndole ver que nos rodean unos cuantos miles de personas que, como yo, ignoraron la nueva consigna).
- No, pero te tienes que ir. ¿Cómo te lo explico?
- La foto y ya.
- ¡Que te vayas!



Me voy, pero porque yo quiero, que conste. Unos metros más abajo. La gente se para sobre la jardinera que divide la calle. “¡No piséis las flores, que luego van a decir…!” nos abronca una mujer. Algunos aplausos más.
- Es Carlos Dávila –dice un señor.
- No, es otro periodista –le responde un desconocido-. Ese que sale en el programa de la Campos.
- Que sí, que es Carlos Dávila.
- Que ese no es Carlos Dávila.
Ambos tienen razón. Eran Dávila y César Vidal, juntos. Luego pasa, raudo y solo, José Alcaraz. Rodeado de cámaras. Muy ovacionado. La gente duda sobre el número de cabeceras y cuál será esa junto a la que estamos. “El Peces-Barba ese se ha dedicado a meter miedo para que no vengamos”, dice el de la Campos. “Pues que se joda”, apostillan por ahí. Sigo escuchando “…no han venido, pero cuando vuelvan a la oposición, volverán a manifestarse…”.

El “revuelo-Aznar”



Algo se mueve en la lejanía, viene un pez gordo. Aplausos y más aplausos. La gente gesticula a su paso. Mucha policía escoltando. Aznar, efectivamente. Ahora entiendo el nerviosismo del poli de antes. Viene hacia mí el revuelo. Un señor grita “Zapatero, cabrón: España es nación”. Le chistan y le callan. La comitiva nos atropella, literalmente. Todos juntos y excitados: “¡Presidente, presidente!”. “¡Viva la Botella!”, grita insistentemente otro hombre. Que viva, y si es de agua fresquita, mejor. Nos estamos achicharrando, me quiero ir y aún no son las 18:00. El ex-presidente ha dado un empujón emocional al personal (algo extraviados hasta el momento) digno de ver. Oigo “…pero el guardaespaldas era muy simpático…”. Sobre todo sus codos, señora, tenían una gracia de la hostia.



“Pues a mí Bono no es para nada el que mejor me cae. En Castilla-La Mancha nos ha tenido muy puteados, no nos deja ni asomar la cabeza”. Gente de toda España. Banderas valencianas en gran número. Y de todas las autonomías. “¡Zapatero, embustero!” primer gran grito coral, todo un éxito para AES (que andan por allí promocionando su manifestación del día siguiente), pues será el lema más gritado. Una señora repara en mí, que estoy tomando notas.
- ¿Eres periodista, tú?
- Algo así…
- ¿Para quién escribes?
- Es para un trabajo de la facultad…
No se queda muy contenta, dudando de mí (con razón), y me dedica una sonrisa “algo” hostil. Me voy de allí, y sigo el curso de la manifestación, que empieza a coger cuerpo. “¡España, unida, jamás será vencida!”. Veo a Vidal-Quadras. Una señora dice tener miedo a que nos aplaste la masa “¿Dónde está la cabecera?”. Una vieja grita un “Viva España” que suena a otra época. Dejamos la plaza de Cataluña a las 18:10. Se suceden los gritos corales y las consignas. “Zapatero, España no se vende”, “Todos a una, contra Batasuna”.

Avanzamos

Diviso una boina carlista. No doy crédito. Me muevo hacia allí. Un anciano, alto, de porte aristocrático, luce carlismo y se pavonea. Bigotillo, Cruz de San Andrés, boina roja con borlón dorado. Y usa como bastón un taburete plegable. La gente le fotografía y, a su paso, le dicen cosas que a él le deben de encantar: “Es usted la Historia viva de España”, “Viva el Carlismo”…



Nos topamos con un cartel contra Peces-Barba (ya visto en la anterior manifestación de la AVT), en el que se recuerda (digamos que de manera algo tendenciosa) que fue abogado defensor durante la dictadura en numerosos juicios ante el desaparecido Tribunal de Orden Público y en diversos consejos de guerra, entre ellos, el Proceso de Burgos, en 1970, donde actuó como defensor del miembro de ETA Víctor Aranda. Defensor de asesinos de policías, resumiendo. Reparten octavillas con esos motivos. Y otros muchos como “bodas de maricones” y todos los “agujeros negros” de El Mundo sobre el 11-M. Que ni pintado, en ese momento surgen los primeros gritos contra el Alto Comisionado.



Un hombre le dice a su hija, a sus hombros: “Grita Zapatero dimisión desde ahí arriba”. Le da vergüenza. Más lemas “Dónde está, no se ve al traidor/cabrón (según) de Zetapé”, “Peces-Barba dimisión, por marica y por cabrón”, “Cuánto valen nuestros muertos”, “Aquí estamos, nosotros no matamos”. Parados al cruzar Ramón y Cajal. El sol hace de las suyas. Somos muchos y aún son las 18:30. Estoy junto a un ex-secretario de Estado del PP; “Qué bien me vendría ahora una botellita de agua”. Le ofrecería la mía, sino fuera porque me la quiero beber yo solo, es una manía que tengo. Se supone que el grueso de la manifestación está a nuestras espaldas. “¿Es esta la calle del Bernabéu?” No, señora, es la calle del Qué coño hago yo aquí. “Ni tenemos Gobierno ni tenemos Justicia”, “Es que en este país mandan los criminales”. La gente habla en alto, dejándose oír. A ver quién es más “pepero”. Satisfacción en los gestos, a pesar del calor. Pasa un grupo de unos ocho curas a mi lado. De vez en cuando se ve alguna ikurriña, que recibirá tibios aplausos.

La Guardia Civil, ese mito

“De aquí salió Tejero, de aquí salió Tejero”, señala ufano un hombre a mis espaldas. Estamos ante el Parque Automovilístico de la Guardia Civil. El personal vuelve a aplaudir. Busco con la mirada al objeto de su aclamación. Es al propio cuartel. Arrecia la ovación entre vivas a la Guardia Civil. Cuando empieza a decaer el aplauso un hombre mayor, con Ray-ban de pera grita un “Viva Ep-paña” que le sale de lo más hondo de las entrañas, que huele a autarquía y que me devuelve la imagen de Tejero. “Viva”, le devuelven todos. Hasta tres veces se aplaudirá al cuartel, girados hacia él.



Una niña idiota no deja de tocar los cojones. Tiene vocación de cheer-leader de la Plaza de Oriente y no deja de gritar consignas, usando un cartel como megáfono, una y otra vez. Su voz de pito e insistencia infantil están quebrando mi voluntad, algo que no habían conseguido ni el carlista ni el cavernícola del vivaeppaña. Pancarta: “Nos mienten y nos matan, pero con talante”. Me deslizo rápidamente hacia un lateral y huyo. Busco ligero la supuesta cabecera que nos precede. La alcanzo en la calle Uruguay. A Uruguay, ay, yo no voy, voy, porque paso de seguir oliendo sobacos. Además están teniendo problemas. La organización pide calma, y que no empujen “o habrá problemas”. Me viene a la mente “La carga de los mamelucos” de Goya. Empiezo a sentirme atrapado, se produce allí un efecto cuello de botella. “Habría que colapsar Madrid así todos los días, pa que se enteren”, dice una mujer. Y pienso en “Los fusilamientos del 3 de mayo”. Logro huir hacia delante. Una vez superado el atasco la multitud está más disuelta. Voy directo a la plaza destino, la de la República Dominicana. Todo aquel comercio que pueda dar algo de beber se está haciendo de oro. Mucha gente espera en los márgenes de la calle. Suenan por grandes altavoces melodías de ascensor con aires melancólicos.

En la meta



Mientras hago fotos del lugar oigo a mis espaldas: “Y dice que no va a cambiar su decisión ¿desde cuándo un presidente del Gobierno se niega a hacerle caso a una multitud como esta?”. Eso, eso ¿desde cuándo? La capacidad del personal de ponerse una venda ante los ojos es acojonante, pienso. Y se confirma cuando descubro delante mía un grupo de espectaculares veinteañeras que habían estado ahí todo el rato mientras yo retrataba a la muchedumbre. Un reportero de la COPE entrevista en directo a "Gregorio" (oigo cómo le nombra), suponemos que para interesarse por su forma de seguir la moda guiri: calcetines blancos con sandalias. Veo unidades móviles de la cadena de los obispos, de Onda Cero, de Telemadrid y hasta de Cadena 100. Ni rastro de la SER o TVE, así que no sabemos cómo se les saludaba.



Son las 19:15 y confirmo que ejerzo sobre la policía el efecto que me hubiera gustado causar entre las chicas aquellas. Les atraigo irresistiblemente, pues (sin contar a mi amigo “Q’aquí no puedes estar”) es el tercero que me pide que le enseñe el contenido de mi mochila. Coca-cola, mp3, cámara, libreta, boli y condones. Sí, condones, para que no me pegaran nada. Decido volver sobre mis pasos, de regreso a casa, a contracorriente. El personal está mucho más animado y cantarín. Pancartas por doquier. Los lemas, numerosos, alguno me hace reír: “Primero morir antes que dar un palmo de patria”, “Viva Miguel Ángel Blanco”, “No hay quien aguante tanto talante”, “España se merece otro presidente”, “11-M queremos saber”, “Con este Gobierno España es un infierno”, “Dime con quién negocias y te diré quién eres”.

Las cabeceras

Primero me cruzo con el grupo de Rajoy. “¡Presidente, presidente!”. Están todos, la plana mayor, no falta un perejil. “Rajoy, amigo, España está contigo”. De Grandes parece seducir a una chiquilla, me muevo para no chocar con Leopoldo Barreda. Más atrás aparece el “revuelo-Aznar”. La capacidad estimulante de este hombrecillo (Rajoy asoma entre las cabezas que le rodean, Aznar deja entrever su flequillo entre los hombros que le acompañan) no tiene límites ni parangón. “¡¡Presidente, presidente!!” (con bastante más entusiasmo que con Mariano). La gente como loca, se arrollan unos a otros para ver algo. Insisto, si fuera más alto no daría tantos problemas, pero obliga al gentío a hacer grandes esfuerzos por ver al líder. Por que es el único y auténtico líder, no lo duden. “Ay, no sabes la ilusión que me ha hecho verle, me tiembla todo”, le chilla entre gemidos una mujer a su marido.



“Luego diréis que somos cinco o seis”, corean. Se trasladan a voz en grito las noticias de participación. Muchos llevan el “pinganillo” en la oreja. ¿La COPE? Bingo. Lo sabemos porque se lo dicen los unos a los otros. “En la COPE dicen ‘Éxito rotundo’, que se jodan”, “¡Medio millón, medio millón!”. Sigo mi camino y llego a la tercera cabecera (víctimas, PP y “colectivos”, en ese orden). Numerosos paraguas del Foro de Ermua. Portando la pancarta destacan Pío Moa y César Vidal, que saluda cual monarca a las masas que le vitorean. Le gritan también lo de “Presidente”. Vamos, que esta gente quiere sustituir a Zapatero con un triunvirato Aznar-Rajoy-Vidal. Busco a Jiménez Losantos, pero me doy cuenta de que llevan demasiado alta la pancarta y seguro que me lo tapa.



Piden por megáfono aplausos para el cuartel de la Guardia Civil, cuando llego de nuevo a su altura. Me cruzo con mis vecinos de puerta, la familia entera, y me giro de golpe para disimular y esconderme preguntándole a una mujer por su cartel: “No sé, lo cogí del suelo”. Logro evitarles. “¡España, España!”, grita el gentío. Para que luego digan que la selección no engancha. Unos quinceañeros llevan una pancarta con la cuenta “PSOE+PNV=ETA”. Más gritos: “Presidente, por accidente”, “ETA no, vascos sí”, “Dónde están, no se ven, los cabrones de la SER”, “Se nota, se siente, Valencia está presente”. Pasa una bandera española gigantesca, portada por ancianas, “España, entera, y sólo una bandera”. Pasan los de Falange Auténtica, que sólo se identifican por los carteles con el nombre de su partido. Más pancartas “zETAp”, “El que quiera Peces, que aquí no busque”, “No al ZetaPacto”, “PSOE: Ven con nosotros”, “PSOE: Defínete”, “ZP: Soltar criminales es delito”.



Epílogo

Son las 20:00 y llego al final de la marcha. Junto a una docena de “lecheras” cargadas de admiradores míos uniformados, los chicos del SELUR trabajan con presteza para dejarlo todo impoluto. Estoy en el punto de origen. Unos pocos coches de la Policía Municipal dan el único testimonio de que algo ha pasado. El tráfico fluye con normalidad. Vuelvo a casa con la sensación de que este acto de autoafirmación de la derecha española puede ser positivo para todos y catártico en cierto sentido. Su dolorosa salida del Gobierno les había dejado ese mal sabor de boca que provocaba un constante estado de cabreo social. Hoy se han reconciliado consigo mismos. Me cruzo con otros manifestantes de vuelta a casa, que desprenden esa apariencia de post-partido a las afueras del estadio, comentando la jugada, relajados. “Pero cómo se va a manifestar contra el Gobierno al que pertenece” dice alguien. Un par de calles más allá, la gente disfruta de una veraniega tarde de sábado como cualquier otra. Pienso que, afortunadamente, el mito de las dos Españas que algunos se empeñan en agitar insistentemente desde ambos lados es un mito. Como mínimo hay tres Españas.

Y por suerte, la tercera es la más numerosa y cabal. Me voy a casa, a ver si mi esclavo nubio me da un masaje en los pies.

Nota del autor: Tienen las fotos en su tamaño, calidad y dimensiones originales en mi cuenta de Flickr (arriba en la columna de la derecha). Alguna no está en este post.

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