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martes, junio 21, 2005

Siempre nos quedará Pontevedra 

Supongo que ya conocen el tópico de la falta de decisión del gallego: de encontrártelo en unas escaleras no adivinarías si sube o si baja. Está demostrado que la metáfora es una gilipollez. Para qué una metáfora si nos acaban de conceder un paradigmático ejemplo. Ya han votado, ya han contado los votos, pero aún no se han decidido. Sólo un gallego podría continuar indeciso después de haber tomado partido.
Si Franco levantara la cabeza, como buen gallego que era, ya se encargaría de darles un empujoncito para que se decidieran. O no (como diría otro gallego; Rajoy), porque sin duda estaría muy ocupado yendo de manifestación en manifestación.



Y los analistas que se empeñan en buscarle (con escaso tino) paralelismos en la Historia reciente a esto que está pasando. Porque ahora toca recontar y recontar. Y a poco que esté apretada la cosa, revisar y revisar, impugnar e impugnar. Para que al final termine decidiendo el hermano de Bush. Las ansias de poder de esa familia no tienen parangón.



Como ven en la imagen el asunto era bien sencillo ¿Galicia es un camión de portes y mudanzas? Algo así. Sólo tienen que aclararse sobre si lo que quieren es hacer la mudanza y cambiar de aires o guardar los muebles por si acaso, en plan conservador ¿De verdad era tan difícil? Mudanzas o guardamuebles, está clarísimo.

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