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jueves, junio 16, 2005

Una mañana en Riazor 

Es fácil de imaginar. Eres una gallega de unos 40 años. Vives a las afueras de A Coruña y has decidido madrugar esa mañana para plantarte en la playa, la de Riazor para más señas, antes que nadie, para poder coger sitio comodamente y empezar a tostar esos pequeños michelines sin que nadie te moleste. Pequeños según tu marido, pero él que va a saber, él puede hincharse de cerveza y patatas fritas, que nadie le va a mirar mal por eso. Pero a ti te hacen la vida imposible y cuánto menos se vean, más feliz serás. Has quedado con una amiga, vais solas las dos, por suerte. Con maridos es insufrible, que si las motos, que si la Fórmula-1, que si vamos un segundo a pedirnos un vermut, que si menudo carrerón os habéis perdido, este Pedrosa es un hacha. Tenéis día libre, hay que aprovecharlo.

"El coche al sol, menuda faena cuando volvamos y nos lo encontremos hecho un horno". El viaje ha salido según lo planeado y, aunque costó encontrar aparcamiento, ya estáis sentadas, practicamente solas; estos días todavía refresca a primera hora y a la gente no le apetece arriesgarse por los primeros rayos del día. Seguramente acudirán más tarde, cuando sea evidente que va a hacer bueno.

Pero tú sólo tienes ese día para ir a la playa. Ayer no pudiste venir por el dichoso fútbol del niño y necesitas coger sol hoy, aunque sea poco. Estás harta de salir mal parada en las comparaciones que haces, disimuladamente, con las "compis" de la oficina cuando paran su brazo junto al tuyo. Tú y tu amiga (Martita, de lo más "riquiña") sois bastante pudorosas las dos. Nada de top-less, qué vergüenza, con lo caídas que tengo ya las tetas. Os ayudáis mutuamente, a la hora de cambiaros junto al coche, sujetando para la otra la toalla, a modo de improvisado y discreto biombo. Lo peor es el momento de acercarse a la orilla a refrescarse, cuando ya no soportas más el calor, y te ves obligada a pasear "palmito" entre las miradas inquisitivas de los demás bañistas. "Ya, ya sé que nadie me mira", pero no puedes evitar pensar que sí lo hacen, escudriñando la celulitis incipiente de tus nalgas. Además vas sola (más "corte" aún), mientras la otra se queda cuidando del fortín.

Eres de esas que cuando, inesperadamente, se acerca un conocido, no te levantas a saludarlo. Te da no se qué mostrarte semi-desnuda de pronto frente a un conocido del trabajo, o el amigo ese de mis padres ("qué plasta es") que desde que le prejubilaron viene todas las mañanas a airear la hernia de disco frente al mar. No, tú y tu amiga sois de las que os quedáis sentadas, saludando desde el suelo, otra vez por el maldito pudor; ójala tuvieras el cuerpo de esas chiquillas de 18, entonces claro que te exhibirías como ellas. En cambio, recibes a tu (indeseado) invitado cerrando las rodillas con eficacia, como si de una trampa de osos se tratara, y cruzas los brazos sobre ellas componiendo una postura defensiva que haría envidiar hasta al más resistente de los armadillos.

Y entonces, de fondo, un rumor llega hasta vosotras desde el Paseo Marítimo. Parece la sintonía del PP, no tan lejana, escupida al aire con estruendo, captando la distraída atención de toda la playa. Pero el molesto altavoz no pasa de largo, como esperabas, sino que se queda allí al lado, a "amenizaros" la mañana con esa incómoda banda sonora. No es que te caiga mal el Partido Popular, de hecho les has votado en más de una ocasión. Sin gran devoción tampoco, cierto; pero es innegable que Fraga ha hecho mucho por Galicia. Te acuerdas de cómo estaba todo aquello hace unos años y de todo lo que ha cambiado desde que gobierna. De cuando tu padre os llevaba a jugar con los cubos y las palas, de cómo manchabáis el bocata de arena y aún así Manu y tú os lo comíais con fruición, de cómo os marchábais llenos de esa misma arena (e incómodos con la sal de la espalda) a casa porque no había ni una sola ducha en la que aclarar la los pies.

Continúas absorta en tus recuerdos, y Martita se incorpora, inquieta, a tu lado. En la entrada desde el Paseo más cercana a vuestro campamento se está formando un pequeño revuelo. "Ay, Dios mío, que viene algún político" y te golpea con el codo. Rajoy, a escasos 20 metros de allí: "Si me tiro al agua arraso". Rodeado de fotógrafos y cámaras. Queréis desaparecer, recoger e iros corriendo, pero os quedáis paralizadas por la situación. "Viene directo hacia acá"; te hubiera gustado poder envolverte al menos en la toalla, pero el presidente del PP se os echa encima.



"Buenos días, aquí tienen, para informarse. Que disfruten de la mañana. Y no se olviden de votar el domingo ¿eh?" En sus ojos percibes un cariñoso y velado mensaje: "A mí esto me hace tan poca gracia como a usted...". Mañana, juntos, compartiréis portada en los periódicos.

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