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miércoles, julio 20, 2005

Un juez para el Supremo 

Bush acaba de escoger el nuevo peón con el que jugarán, él y los suyos, la partida político-judicial de los próximos años desde el Tribunal Supremo. Y pueden ser muchos años, ya que el puesto es vitalicio y el tipo en cuestión, John G. Roberts, tiene sólo 50 primaveras.

Los liberales norteamericanos (que no tienen nada que ver con los de aquí; allí no se crían al calor de los obispos) han puesto el grito en el cielo y se han mostrado "decepcionados". ¿Decepcionados? ¿Porqué? Por que es conservador. Como en el caso de la elección del Papa Benedicto XVI, el personal parece haber perdido definitivamente el norte. Se creían que sería elegido un Papa 'moderno', 'progresista', 'cercano', 'renovador' y algunas chorradas del estilo. Esperar eso de la Iglesia Católica era tan absurdo como suponer algo similar de Bush.



Sobre él se ha dicho que es "un jurista afable y de impecables credenciales conservadoras", "un juez que legitimó Guantánamo", "contrario a los derechos reproductivos de la mujer", que "ha expresado opiniones que ponen en peligro la libertad de expresión y la libertad religiosa", y que "ocupó un cargo de asesor legal del ex presidente George Bush".

Nosotros sólo podemos decir que tiene cara de actor de telecomedia de los 60' y que al parecer a su hijo le gusta marcarse unos bailes 'flamenquitos' en cuanto dispone de la audiencia adecuada.

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