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sábado, agosto 20, 2005

Metrosexual tardofranquista 

Mucho, y nada bueno, se ha escrito sobre el caballero que se les muestra más abajo. Por eso le dedicamos este post, porque pasan las semanas y vemos que no ha sido capaz de trasmitir bien su mensaje, que nadie ha sabido entenderle. De él se han dicho tantas cosas... Todas equivocadas. "Patético payaso", "desequilibrado sin historia", "fascista trasnochado", "rambo hispano-freak" y algunas barbaridades más. Como decimos, nada más lejos de la realidad.

Él tenía claro cuál debía ser su papel en aquellas circunstancias: mostrar lo mucho que han evolucionado las derechas en este país. Pero la gente, que se empeña en quedarse con lo anecdótico, sólo tuvo ojos para el absurdo detalle de la pistola, restando atención al mensaje global que desprendía su figura. Fíjense, fíjense bien.



Traten de focalizar su mirada en el sujeto de la izquierda, nuestro protagonista, aunque sabemos que cuesta retirar la vista de las elegantísimas sortijas del policía de paisano que le acompaña (el ejemplo de Charlie y Pope caló hondo). Hablamos del de la pose distinguida, masculina pero no exenta de sensibilidad, delicadeza y buen gusto. Este señor no es "un facha". Sean abiertos de mente, por Cristo Rey. Puede que se trate de un ex-legionario, pero no por ello deja de pertenecer a una nueva clase de hombre que, a pesar de sus ideas políticas, asume su perfil más emotivo, detallista y femenino; un metrosexual tardofranquista.

Para empezar, y por quedarnos con lo más obvio ¿son esas las gafas de sol de un "facha" de los de toda la vida? No señor. Hace tiempo que colgó las ray-ban de pera verde botella. Ahora se llevan con montura al aire, cristal tostado, líneas redondeadas que se adaptan a las facciones... El pecho palomo clásico luciría, como es preceptivo, una buena mata de pelo recio y vigoroso, desafiante. Pero don Luis, que así se llama, lleva meses depilándoselo. Por no hablar del moreno, de una uniformidad y brillo tales que sólo pueden ser fruto de la acertada aplicación de las Tan Towelettes de Estée Lauder. Ya empiezan a abrírseles los ojos ¿verdad?

¿Y los tatuajes? ¿"Amor de madre"? ¿El yugo y las flechas? Por supuesto que no. La imagen no lo muestra pero se tatuó un tribal en la espalda, una letra china en el tobillo y en el brazo lleva escrito "Brooklyn", para tener siempre presente a su hijo José Luis. Es un hombre que se siente cómodo consigo mismo, más desde que hace Pilates, y por eso ya no lleva peluquín, que sería lo suyo. Y no le importa lucir sus sienes plateadas, como Richard Gere. Han pasado años desde que usó por última vez el Grecian 2000.

El cinturón, de los que regalan en el McDonalds, a la última, abrochado en un costado en vez de por delante. El de cuero de hebilla gorda ya tan sólo lo saca del cajón cuando la parienta se pone respondona. Además le luce mucho más desde que se operó para quitarse la última costilla, y así alardear de cinturita de avispa. O sino ¿cómo le iban a llegar tan arriba los pantalones? Y si los llevara más caídos asomaría el elástico de los Calvin Klein. Pero no marca paquete, qué vulgaridad, eso ya está pasadísimo. Él, en cambio, se hizo la vasectomía en el año 2000 siguiendo los consejos de su terapeuta balinesa, para empezar el milenio libre de cargas inútiles.

Si le vieron en televisión notarían que calza unas "hawaianas", luce una cruz en pecho como la de Beckham en la espalda y sólo consiguieron arrebatarle el arma porque acababa de ponerse la exfoliante y aún tenía la crema fresca en las manos ¡Lo que hubiéramos dado algunos por estar allí, oliendo su aftershave de Kenzo!

Como siempre, la gente y los medios prefirieron coger el rábano por las hojas y dedicarse a los juicios paralelos antes de informarse con exactitud. Realmente nos hace falta una visita del Papa Benedetto ("vamos a jugar al teto"), para que combata el relativismo en este país, que tanto deforma en nuestras torcidas mentes la realidad que perciben nuestros ojos.

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