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sábado, octubre 08, 2005

Gladiadores Subsaharianos 

Si son aficionados a la letra pequeña de las noticias y a bucear en los breves de los periódicos seguro que se habrán enterado de una nueva especie de flash mob que se ha puesto de moda en nuestras fronteras norteafricanas. La representación sigue un guión muy simple, y se da casi a diario, pero aun así todavía no sabemos cuál es el punto de partida que está detrás de tan espectaculares "happenings". Lo hemos buscado, pero no hemos dado con él, luego quizá no sea teatro. Pero eso da igual, porque como parece que están teniendo éxito, llamando la atención de los medios y, sobre todo, mejorando su capacidad de convocatoria con cada encuentro, el Gobierno español se ha mosqueado.

Con razón, porque las fronteras son una cosa muy seria, como las partes blandas de uno, y con eso no se juega. Que jueguen y monten sus movidas, vale, pero dejando al margen las fronteras. Yo creo que hasta les dejarían hacer botellón; total, al final dejan el mismo rastro de porquería. Pero qué manía con montar sus monsergas en la verja, con la de sitio que hay más abajo. Ni poniéndoles alambre de espino se les disuade, les da igual. Insisten en lanzarse sobre él y, lógicamente, al terminar la función están llenos de heridas (y la valla perdida de sangre, además). Pues claro que se pinchan, eso es algo que usted y yo sabemos perfectamente pero esta gente al parecer no tiene estudios y no coge que los pinchos, pinchan. Si no fueran tan analfabetos al verlos pensarían "Me voy a pinchar" y se irían por otro lado. Aunque no sabemos si les pasa lo que les pasa por analfabetos, por tontos o porque encima son negros, que también podría ser. Menos mal que Dios les mandó a este mundo, según los rumores, con un pollón, porque si encima la tuvieran corta ya sería el colmo. Algo así como soportar a Aznar si no tuviera, al menos, tan atrofiado el sentido del ridículo.

En cuanto Zapatero vio a los heridos le dio cosa, claro, que ver a alguien cortarse da mucho repelús. Y le ha pedido a los cerebros del Ministerio del Interior (sección Lindes y Contornos) que se curren algo mejor que disuada a esta gente. Y ya están tomando medidas.

6 metros; esas son las medidas. Ponemos más metros de alambrada, pero a lo alto, a ver si así se buscan otro entretenimiento. Y por si falla (lo que sería raro) una última ocurrencia: como parece que lo que les gusta es lo de saltar obstáculos se los ponen fuera, más allá de la verja "de verdad" para que estén entretenidos no tan cerca de lo nuestro. En concreto un escollo un tanto extraño, con un nombre más extraño aún, sirga tridimensional. Tridimensional de momento, porque ya estamos trabajando en la tetradimensional, que perdería a esta gente en el espacio-tiempo, y sería la definitiva, sin sangre ni nada, sólo con teorías cuánticas de por medio. Físicos en lugar de "picoletos", mucho más limpio, dónde va a parar.



Siguiendo en esa línea, la de poner complicaciones de pega a superar antes del obstáculo "verdadero", le hemos remitido al Ministerio nuestra personal propuesta: “Gladiadores Subsaharianos”, inspirada en aquel formativo concurso "Gladiadores Americanos" en el que unos chulos de gimnasio se peleaban con otros chulos de gimnasio a sueldo del programa. Tengo para mí que a Nitro, Turbo, Laser y demás (los nombres "artísticos" los escogían reconocidas autoridades en literatura inglesa, haciendo un guiño evidente a los personajes de la obra shakesperiana) al terminar la grabación les devolvían a su jaula, donde vivían a base de clembuterol y duchas de aceite corporal. Biblioteca no tenían, no. Pero había tal carga de valores en el programa que, de hecho, los que crecieron con él en su día hoy votaron a Schwarzenegger.

Cada uno disfrutaría especialmente con su prueba favorita -"La Justa" marcó nuestras infancias- pero la que sin duda sería más útil (y amena) para nuestra circunstancia es "El Eliminador". En esta prueba final los concursantes competían por ver quién era el primero en llegar al final de una carrera de obstáculos consecutivos: la rampa, los cilindros giratorios, la bicicleta de manos, la red... La única pega de mi sugerencia es que sería carísimo llenar de colchonetas tantos kilómetros de frontera.



Por otro lado, la sirga actual (hay quien cree que ya está instalada), la tridimensional, consiste en que los asaltantes se entretengan deshaciendo el puzzle de alambres en el que se habrán metido ellos mismos y así, cuando lo hayan terminado, estén hartos y se vuelvan a casa. De momento también se está trabajando la idea de rodear la frontera con cientos de miles de "Enredos" (o "Twister"), lo que sería mucho más barato, y también divertido. Una mano al verde, un pie al azul. De esta manera pasarían la noche y al alba, ya cansados, volverían al campamento a dormir. También se pensó en lanzarles cubos de Rubik cuando amenazaran con aparecer, ya que no hay mejor manera de hacerles la picha un lío antes de llegar a la valla, pero se rechazó porque se les podía golpear al arrojárselos y se trata de no hacerles daño. En cualquier caso el proyecto que se tiene más avanzado es el de cavar un foso en todo el perímetro de la frontera y llenarlo con bolas de colores, para quitarle el punto medieval y añadirle el lúdico. Todos sabemos que es muy complicado moverse una vez dentro, y ya se están haciendo pruebas con crías de inmigrante, con los magníficos resultados que ven en la imagen.



Porque el matiz lúdico es algo fundamental, ya conocen al presidente, y si no miren los colores elegidos para la sirga, que le da un aspecto de parque infantil diseñado por la didáctica moderna bastante conseguido. Quizá con ello se pretenda mejorar la psicomotricidad de los asaltantes dotándolos con todos los elementos de estimulación a su medida. Y si ponemos en las garitas animadores socioculturales con lápices de colores, más educativo todavía. Aunque esta cosa de la sirga tiene el pequeño pero de que, al tenerles allí enredados, facilitaría las prácticas de tiro de los guardias marroquíes.

Pero sin duda la gran idea es mover la valla por la noche, mientras duermen. Y ponerla al otro lado de su campamento, mirando hacia Marruecos. Porque total, sin la valla esta gente no sabe hacia dónde tiene que correr. O incluso probar a quitarla un día y preparar a los guardias civiles para que se hagan los suecos cuando les pregunten por la dirección hacia España, respondiendo que no merece la pena saberlo ya que, al fin y al cabo, se encuentra al borde del abismo. Es mejor que los pastoreen los marroquíes y, de este modo, en lugar de dispararles les lleven a descubrir la poética profundidad del bellísimo desierto.

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